Viaje a Cracovia II. Sujetando el cielo

   Tras visitar Auschwitz y las minas de sal nos dedicamos a visitar la ciudad de Cracovia. Por casualidad conocimos a un chico español muy amable que contemplaba la posibilidad de ser guía turístico, y que desplegó sus talentos ante nuestras atónitas miradas, enseñándonos rincones y contándonos secretos de la ciudad que sin él no habríamos descubierto.
   Pero como decía, la última noche aún nos guardaba la mejor sorpresa. Saliendo de la Fábrica de Schindler se nos acercó un hombrecillo con gafas y de edad avanzada, de aspecto humilde, que fumaba un cigarrillo electrónico y nos mostraba una hoja plastificada. Le faltaban los dientes de abajo y su atuendo era humilde, pero desprendía un aire de profunda dignidad. En un principio pensé que nos estaba pidiendo algo, pero luego comprendí que nos ofrecía, en un elegante inglés, una ruta turística en un coche eléctrico. Aproveché para preguntarle si nos acercaría a un campo de concentración en ruinas a las afueras de Cracovia, llamado Plaszów. Es poco conocido, y  mi amiga tenía gran interés por visitarlo. Él nos dijo que sí, aunque supuse que ese lugar no se encontraba dentro de la ruta turística.
   Nos dirigimos hacia el coche, que para nuestra sorpresa resultó ser un pequeño vehículo cubierto de un plástico transparente, de los que en tiempos mejores permiten a los turistas admirar la ciudad a su través.  En el interior aguardaba una señora igualmente pequeña,  de pelo blanco recogido en un moño. Su rostro era bello y su apariencia tan dulce y humilde, que resultaba ser el complemento perfecto de nuestro guía.
   Antes de montar, le dije que a las 8 me gustaría haber terminado para poder asistir a un tour gratuito cuya temática eran los bajos fondos de Cracovia. Él debió considerar que la excursión pactada a Plaszów no era suficiente, y recorrimos muchos lugares interesantes, escuchando un audio en español, interrumpido puntualmente para recibir sus valiosas explicaciones.
   De camino a Plaszów nos indicó una calle, para explicarnos que allí habían vivido con su madre. Entendimos entonces que no eran un matrimonio, sino una entrañable pareja de hermanos.
   Llegados al campo de concentración nos habló de cifras espeluznantes y extraoficiales, y frente a la casa del nazi Amon Goeth nos explicó que Spielberg se tomó una "licencia poética" al retratarle en "La lista de Schindler" disparando judíos desde su balcón; aquello no era posible porque una pequeña colina se interponía.
   A continuación nos condujo al gran monumento conocido como "Los corazones rasgados",situado en otra pequeña colina. El señor nos dijo que subiéramos y que ellos nos esperarían en el coche; era de entender, porque era noche cerrada,  el césped cubierto de rocío resbalaba mucho y podía ser peligroso. Mi amiga y yo subimos, y mientras admirábamos el recuerdo colosal de las víctimas, que parecen sujetar el peso del cielo en sus hombros, nuestro guía apareció. Debió pensar que sería una pena no recibir sus valiosas observaciones, y nosotras lo valoramos enormemente.


Los corazones rasgados. Plaszów

    Para salir de allí tuvimos que ir por la carretera. Estábamos un poco temerosas por recorrerla con ese cochecillo, pero finalmente llegamos sanos y salvos a la maravillosa iglesia de San José, donde según nos contó, se casaron su padres.
   A las 8 en punto de la tarde nos condujo al punto de encuentro de nuestro siguiente tour. Nos despedimos  de él con el corazón profundamente conmovido, y de su hermana, su "guardaespaldas personal", como él dijo. Curiosa guardaespaldas, que más bien parecía una preciosa florecilla silvestre. Nos quedamos con ganas de preguntarles más, de saber sobre sus vidas, y sobre todo, de volver a verles. Lloramos la despedida, y aún, cada vez que pienso en ellos, los ojos se me llenan de lágrimas de profunda gratitud, por tanta fortaleza, tanto perdón, tanta luz.
   Estas dos personas me han hecho amar mucho más a la humanidad. Éste es mi pequeño homenaje.
 




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