El principio de la Odisea
"Cuéntame, Musa, la historia del hombre de muchos senderos, que anduvo errante muy mucho después de Troya sagrada asolar"
Odisea, Canto I
Con vistas a afrontar una pequeña pero dura odisea personal de ocho días de duración, con el ballet como telón de fondo, y que amenazaba con superar mis fuerzas, pensé que mi mejor arma para afrontarla sería un buen libro. A falta de tiempo y energía, me dirigí a una pequeña librería que hay cerca de mi casa. Cuál fue mi sorpresa cuando, al girar la esquina de la estantería, encontré varios estantes repletos de las Obras Completas de C. G. Jung. El hallazgo me transportó a una época remota, al principio de mis tiempos, con unos ocho años de edad, cuando un hambre voraz e intuitiva me llevaba por las librerías de Cáceres en busca de nuevos libros de El Pequeño Vampiro, y sólo muy de vez en cuando encontraba alguno que aún no había leído- mi eterno gusto por conocer la sombra-.
Pues bien, con un grito alerté a mi novio y estuvimos un rato sopesando qué libro escoger como arma. Había algunos realmente deseados, pero que rechacé por voluminosos, y finalmente compré un pequeño libro titulado Sobre el Fenómeno del Espíritu en el Arte y en la Ciencia. No obstante, tenía miedo a quedarme sin munición a mitad de la batalla, y me llevé además otro, más pequeño aún y solo por si acaso: El alma de Hegel y las vacas de Wisconsin, de Alessandro Baricco. Elegido sólo por el título y por su diminuto tamaño, una deringer perfecta.
De allí fuimos a tomar algo, y no pude evitar hojear el libro de Jung. Mi sorpresa fue mayúscula al leer la primera línea de la "Introducción a la Edición Española " de Enrique Galán Santamaría. Dice Así: "El hegeliano título bajo el que se presentan los ensayos de Jung que componen este volumen de su Obra Completa capta de un modo sutil el hilo argumental que los unifica". Por fin, me dije. Hegel y Jung. Perfecto para mi viaje.
De este modo, bien armada y con el menor miedo posible, me embarqué, acompañada de mi Palas Atenea personal.
Este artículo sólo me permite detenerme en uno de los ensayos de libro de Jung, pero hay otros que merecen una mención especial y que no quiero pasar por alto, a saber, "Paracelso como médico" y "Sigmund Freud como fenómeno histórico-cultural". Ojalá se me presente la ocasión de hablar sobre ellos. Pues bien, en medio del periplo y una vez abandonada la tierra en la que los expertos suponen fue escrita la Odisea, llegué al ensayo titulado "Ulises. Un monólogo".
Desde un principio llama la atención el tono irritado, desesperado, incrédulo y dolido con el que está escrito. Casi puede uno ver a Jung frotándose los ojos, revolviéndose en su silla, "aburriéndose hasta la lágrima". Tanto, que el lector también sufre y, con el autor, ríe cómplicemente.
El texto no trata sobre el Ulises de la Odisea, sino del Ulises de Joyce. "El Ulises de Joyce es, en estricta oposición a su tocayo antiguo, una consciencia inactiva, meramente perceptiva, incluso mero ojo, oído, una nariz, una boca, un nervio táctil (...)"
Debo confesar que yo no he leído el Ulises, aunque sí he leído la Odisea, y también algunas obras de la literatura del s. XX que intuyo participan de ese no-espíritu que a mí me gusta llamar postmoderno. Pienso en mi época salvaje de El Almuerzo Desnudo y me pregunto por qué.
En palabras de Jung, "Todo es infernalmente inane, un aborto del infierno francamente brillante, si consideramos el libro desde el punto de vista del artificio técnico". No pude por menos que escribir a mi querida amiga Ángela para hacerla partícipe de tal ironía desesperada, pues la imaginaba riendo. Y así continúa Jung, "con el corazón encogido", luchando por abandonar toda esperanza (de sentido).
Dice el traductor en una nota a pie de página al principio del ensayo que Jung no alcanza a comprender la obra, y que sólo consigue "intuir la innovadora propuesta psicológica de Joyce"
Como el propio traductor anunció, debemos buscar el sutil hilo hegeliano. Tiraremos del hilo de Penélope, del hilo del sentido, de la intuición de Jung. ¿Qué le pasa al Espíritu, a la conciencia, en la postmodernidad? ¿Qué diría Hegel de la muerte del sentido y qué relación tiene con la libertad? Y...¿qué tiene esto que ver con las vacas de Wisconsin?
Para ver lo que pasa, queridos amigos, debemos esperar al final de la Odisea. Espero que no sean veinte años.


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